domingo, 26 de marzo de 2017



LITERATURA DE LA CONQUISTA Y LA COLONIA. 


 
DIARIO A BORDO (Cristobal Colón)



Domingo, 21 de octubre
Yo no les dejé tocar nada, salvo que me salí con estos capitanes y gente a ver la isla; que si las otras ya vistas son muy hermosas y verdes y fértiles, ésta es mucho más y de grandes arboledos y muy verdes. Aquí es unas grandes lagunas, y sobre ellas y a la rueda es el arboledo en maravilla, y aquí y en  toda  la  isla son  todos verdes y  las hierbas como en abril en el Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se querría partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el sol; y aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es maravilla; y después hay árboles de mil maneras y todos de su manera fruto, y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el más apenado del mundo de no conocerlos, porque soy bien cierto que todos son cosa de valía, y de ellos traigo  la muestra y asimismo de  las hierbas.  ... 

Actividad : Después de leer el dia 21 del texto el Diario de a bordo contesta (actividad en el cuaderno):

1.¿Quién está narrando?
2.¿Qué está narrando?
3.¿Cómo es del paisaje descrito?
4.¿Qué valores destaca de la tierra que ve?
5.¿Por qué hay incorrecciones en el lenguaje?
6.Imagina otros días del diario escrito por Colón y describe lo que vio, según el título:  dia 5 intercambio de ofrendas, dia 8 Regreso a España.



EL CARNERO  (Juan Rodriguez Freyle) 
Los principales iniciadores de la literatura de la Colonia en Colombia fueron: Juan Rodríguez Freyle, Hernando Domínguez Camargo y Sor Josefa del Castillo.
La principal Obra de esta etapa inicial de nuestras letras fue El carnero. Sus principales elementos y características so temática: trata de los escándalos de la vida social en Santa Fe de Bogotá, contados en forma picaresca y de manera costumbrista. Características: Juzga la sociedad Colonial en Santa fe de Bogotá. Describe con realismo, está compuesta de relatos, tiene intención moralizante, tiene intención Histórico-critica.

Llegó el día en que la doña María de Vargas le pidió al Antonio de Quiñones el cumplimiento de la palabra de casamiento que le había dado, el cual se la revalidó condicionalmente, diciendo: que la cumpliría, “dando de ello primero cuenta al presidente, su señor”; que habiéndole dicho el Antonio de Quiñones su pretensión, le dijo el presidente que no se casase; con lo cual mudó de intento el Quiñones, y la doña María de Vargas, sentida del agravio, se apartó de su amistad, de manera que ya no se hablaban ni comunicaban.
 
El Juan de Leiva, que vio muerto el fuego que había entre los dos, puso el pensamiento en casarse con la doña María de Vargas; y engañóse, porque aquella brasa de fuego que él tenía por muerta, no estaba sino cubierta con las cenizas de aquellas dos voluntades, que al primer sopío había de revivir y encenderse, y particularmente con el soplo de la privación, que es fortísimo. En fin, el Juan de Leiva dio parte de su intento al Antonio de Quiñones, rogándole que pues no se casaba con doña María de Vargas y su amistad era acabada, que él se quería casar con ella, y que tomase la mano y la metiese en efectuarlo. El Quiñones se comprometió y echó personas que lo tratasen con la doña María, cargando la mano el Antonio de Quiñones en abonar la persona del Juan de Leiva y su nobleza, con lo cual la doña María de Vargas hubo de dar el sí del casamiento.
 Cuando llego a considerar este negocio, considero en él la fragilidad humana, que ciega de su apetito y gusto, cierra ambos ojos a la razón y las puertas al entendimiento. Esta señora no podía estar olvidada de que Juan de Leiva era sabedor de sus flaquezas, ni tampoco él ignoraba estas amistades, pues que había sido tercero en ellas. ¿Con qué disculpas disculparé estas dos partes, o con qué capa los cubriré? Si quisiere decir que el nuevo estado mudaría las voluntades, no me atrevo a mandar en casa ajena; capa no halló ninguna, ni nadie la quiere dar, porque dicen la romperá el toro, que en tal paró ello, y así llevaron el pago de su atrevimiento. Codicia de ser encomendero despeñó al Juan de Leiva, que no sabía, ni todos saben la peste que trae consigo esta encomienda, que como es sudor ajeno dama al cielo.
¡Maldita seas, codicia, esponja y harpía hambrienta, lazo a donde muchos buenos han caído, y despeñadero a donde han sucedido millones de desdichas! Naciste en el infierno y en él te criaste, y ahora vives entre los hombres, a donde traes por gala tinta en sangre la ropa que vistes; y por cadena al cuello traes ya el engaño, tu pariente, eslabonado de víboras y basiliscos, y por tizón pendiente en ella al demonio, tu padre; el cual te trae por calles y plazas y tribunales, salas y palacios reales, y no reservas los humildes pajizos de los pobres, porque tú eres el sembrador de sus cosechas. ¡Maldita seas, codicia, y para siempre seas maldita! Entraste en el seno de Juan de Leiva, espoleástele con la codicia de la encomienda del pueblo de Toca y sus anexos, cerró los ojos a la razón, y con la facilidad de la dama se concluyó el casamiento, y últimamente se vinieron a vivir a esta ciudad de Santafé; y estando en ella, podemos decir, y cabe muy bien, que donde amor ha cabido no puede olvido caber».
Los dos amantes se comunicaban por escrito y de palabra. El Juan de Leiva, lastimado y asombrado de algunas cosas que había visto y de algunos papeles que había cogido, gastada la paciencia le dijo al presidente don Juan de Borja, su señor, que le mandase a Antonio de Quiñones que no le entrase en su casa ni la solicitase, porque votaba a Dios que lo había de matar; y con esto le dijo al presidente lo que pasaba y le mostró los billetes y papeles que había cogido.
El presidente no se descuidó en avisar al Antonio de Quiñones, porque el uno y el otro eran sirvientes de su casa, mandándole expresamente, y so pena de su gracia, no fuese ni entrase en casa de Juan de Leiva, ni le solicitase a la mujer. Con esto el Antonio de Quiñones vivía con cuidado, aunque no se podía vencer ni retraerse de las Ocasiones que se le ofrecían, porque toda esta. Fuerza hace la privación de la cosa amada. El Juan de Leiva tampoco se descuidaba de seguirle los pasos al Quiñones y cogerle los papeles y billetes con las correspondencias. Al fin vencido de la fuerza de la honra, si podemos decir que la tiene quien sabía lo que él sabía y se casó de la manera que él se casó; en fin, él se determinó a matar a los dos amantes, la cual determinación puso en ejecución.
Actividad: Contesta.

a. Escribe los Personajes que intervienen en esta parte del libro.
b. Lugar donde se realizan los hechos.
c. Situación presentada.
d. Crítica social que presenta
e. De acuerdo con la época a que corresponde esta obra, imagina cómo pudo ser el asesinato de los amantes y descríbelo.





                                                             









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